En las últimas semanas, los arqueólogos que trabajan en las excavaciones de la antigua ciudad de Pompeya han realizado un hallazgo sin precedentes que arroja nueva luz sobre la importancia de las sacerdotisas en la vida religiosa y social de esta urbe romana. Durante una excavación en la zona extramuros, en la necrópolis de Porta Sarno, fueron descubiertas dos estatuas funerarias de mármol de una mujer y un hombre, vestidas con toga, que podrían pertenecer a figuras de alto rango social y religioso. Este descubrimiento ofrece una visión inédita de la influencia y el poder que las mujeres, especialmente las sacerdotisas, tenían en la Pompeya antigua.
El hallazgo: estatuas funerarias en la necrópolis de Porta Sarno
Las estatuas fueron encontradas en una tumba monumental, justo en las afueras de la entrada de Porto Sarno, una de las entradas principales a Pompeya. Según los arqueólogos, la estatua de la mujer es ligeramente más alta que la del hombre que la acompaña, lo que podría indicar su mayor estatus dentro de la sociedad pompeyana. La figura femenina está adornada con joyas lujosas, incluyendo pendientes, pulseras, anillos y un collar con un colgante en forma de luna creciente, un símbolo relacionado con la diosa Ceres, diosa de la fertilidad y la agricultura. La luna creciente era un accesorio usado por las sacerdotisas de este culto, con la finalidad de alejar las fuerzas malignas y proteger a las mujeres desde el nacimiento hasta el matrimonio.
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El hallazgo de estas estatuas en tan buen estado de conservación es notable, no solo por su belleza, sino también por la riqueza simbólica que conlleva. La presencia del colgante de luna creciente sugiere que la mujer representada en la estatua podría haber sido una sacerdotisa activa en el culto a Ceres. Este tipo de estatuas funerarias es raro en el sur de Italia, lo que hace aún más valioso este descubrimiento.
¿Una sacerdotisa de alto rango?
El director del parque arqueológico de Pompeya, Gabriel Zuchtriegel, afirmó que los adornos de la estatua femenina sugieren que ella tenía un estatus superior al del hombre. A pesar de que los dos están representados juntos, las diferencias en la calidad de los detalles de la escultura y los adornos indican que la mujer era probablemente de mayor rango social. Esta diferencia de estatus puede ser significativa: Zuchtriegel especula que el hombre podría haber sido sacerdote o incluso hijo de la mujer, lo que sería consistente con las jerarquías familiares y religiosas en la antigua Roma.
Las investigaciones sugieren que, aunque los sacerdotes desempeñaban un papel fundamental en las ceremonias religiosas, las sacerdotisas del culto a Ceres gozaban de un considerable poder dentro de la comunidad, especialmente en asuntos relacionados con la fertilidad y el bienestar de la comunidad.
La conexión con el culto a Ceres
La estatua femenina sostiene lo que parece un rollo de papiro y hojas de laurel, objetos que en la Roma antigua estaban relacionados con rituales religiosos. El laurel, en particular, se utilizaba para purificar espacios sagrados, un acto que involucraba dispersar el humo de incienso ceremonial para bendecir y limpiar los templos y otros lugares de culto. Esta representación refuerza la idea de que la mujer en la estatua podría haber sido una figura clave en los rituales de purificación y bendición, roles que eran vitales para el bienestar de la comunidad.
El culto a Ceres, como se mencionó, estaba fuertemente vinculado a la fertilidad y la agricultura. Sin embargo, este hallazgo sugiere que la figura de la sacerdotisa de Ceres no solo estaba ligada a la espiritualidad relacionada con la tierra, sino también a una esfera de poder más amplia, tal vez incluso en la vida política y social de Pompeya. El hecho de que se trate de una figura de alto estatus sugiere que las sacerdotisas no solo tenían un papel religioso, sino también un papel de liderazgo dentro de la sociedad pompeyana.
Proyecto de Investigación: «La Arqueología de la Muerte en Pompeya»
Este hallazgo se enmarca dentro del Proyecto de Investigación “La Arqueología de la Muerte en Pompeya”, que comenzó en julio de 2024. Este proyecto, dirigido por el arqueólogo español Llorenç Alapont, se lleva a cabo en colaboración con la Universidad de Valencia y el parque arqueológico de Pompeya. El objetivo de la investigación es profundizar en la vida y la muerte en Pompeya, centrando la atención en las prácticas funerarias y las evidencias de las estructuras sociales y religiosas de la ciudad.
La zona en la que se realizaron las excavaciones fue descubierta en 1998 durante la construcción de una línea de tren desde Nápoles. Desde entonces, los arqueólogos han identificado más de 50 lugares de enterramiento con cremación en la zona extramuros de la ciudad. Los resultados de esta campaña de excavación, que incluye el hallazgo de las estatuas funerarias, son fundamentales para entender mejor las costumbres funerarias de los pompeyanos y la estructura social que las sustentaba.
Pompeya: una ciudad sepultada que sigue revelando secretos
Pompeya, sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C., ha sido objeto de excavaciones desde el siglo XVIII. A pesar de los siglos que han pasado, la ciudad sigue siendo un laboratorio único para el estudio de la vida cotidiana en la antigua Roma. Los arqueólogos continúan desenterrando nuevos vestigios de una sociedad que, aunque destruida, sigue ofreciendo valiosa información sobre las costumbres, la religión, la política y la vida familiar de los romanos.
El descubrimiento de las estatuas funerarias es solo uno de los muchos que han sido realizados en las últimas décadas. En 2021, por ejemplo, se encontraron restos momificados en la misma zona de la necrópolis de Porta Sarno, lo que permitió a los investigadores obtener detalles sobre las clases sociales y los rituales funerarios en la ciudad. Estos descubrimientos refuerzan la importancia de continuar las excavaciones en Pompeya, ya que cada nuevo hallazgo proporciona una pieza más del rompecabezas que nos ayuda a entender mejor la vida en la antigua Roma.