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Necesitados de un programa de vida

Necesitados de un programa de vida

“Tenemos que salir a reflexionar conjuntamente, escucharnos más unos a otros, para luego sacar las conclusiones pertinentes que nos ayuden a salir de este terreno confuso, en el que todo se funde y se confunde con el egoísmo y el poder”.

                  Con el inicio de un nuevo año, vendrá bien explorarse y quererse. Esto nos demanda activar otros lenguajes más del corazón que de la mente, para que el cuerpo se agite y nuestro interior repose. Por tanto, en este tiempo en el que suelen proliferar los sanos propósitos; yo mismo, me he dispuesto a compartir ideas que manan de mi interior y que me reclaman mayor libertad. Sin duda, tenemos que romper las cadenas mundanas, vaciarnos de esclavitudes para colmarnos de místicos sueños, que nos lleven a reencontrarnos; y, así, poder salir de este desconcierto en el que nos hallamos. En consecuencia, nos hace falta ganar ilusión, modificar estilos de vida y encauzar nuevos esquemas humanitarios, para que el planeta recupere sus ritmos de relaciones, con su manjar alentador de rimas humanísticas.

                  Indudablemente, la principal estrofa para mejorar el momento, radica en la contemplativa. Precisamos repensar cada instante, al menos para que los sentimientos de culpa dejen de ser tan repetitivos que nos aburran, engulliéndonos cualquier boceto de esperanza. No olvidemos que, en realidad vivimos cuando nos renovamos. De ahí, la importancia de este singular proyecto purgante, al que todos estamos llamados a cultivar autónomamente; eso sí, en unión y en comunión con los demás seres pensantes. Por sí solos, tampoco somos nada, necesitamos alzar la voz fusionada; máxime cuando los países derrochan más dinero en armas que en avivar programas sociales, que son los que verdaderamente nos acercan. Naturalmente, la falsedad es la gran dominadora de los vientos.

                  Además, estamos desprovistos también de la cercanía, de un abrazo sin intereses o de una mesa compartida para el diálogo sincero. Tenemos que salir a reflexionar conjuntamente, escucharnos más unos a otros, para luego sacar las conclusiones pertinentes que nos ayuden a salir de este terreno confuso, en el que todo se funde y se confunde con el egoísmo y el poder. No es censura, pues, impedir la incitación al odio y a la división de pulsos. Ojala aprendamos a amarnos en la verdad y con la bondad como horizonte. Todo esto, será posible, si somos capaces de recuperar el sentido de los vínculos fraternos; si no cerramos los ojos ante la multitud de injustas tragedias, abriéndolos para acariciar con el aliento a esas gentes que desean abandonar sus tierras.  

                  Será buen comienzo, universalizar nuestro propio programa existencial. Esto será también más fácil de conseguir en la medida en que se actúe de modo solidario, con mente abierta, entretelas confiadas y amplitud de miras. Uno tiene que renacer para no morir en vida, es nuestra innata obligación natural, a la que hemos de sumarle el papel fundamental que tiene la familia en nuestra sociedad, hoy inhumana y deshumanizada por completo, debido en parte a esa ausencia de orientación hogareña, para el desarrollo condescendiente. Si en verdad nos considerásemos todos peregrinos en la tierra, no habría fronteras ni tampoco frentes que nos separen o distancien, estaríamos al cuidado de nuestra casa común y, de igual forma, próximos entre sí, hacia toda llamada del análogo a nosotros.

                  Bajo esta perspectiva del llamamiento a la participación responsable, la ruta viviente ha de ser una constante a la concordia, signo e instrumento de unidad armónica de la diversidad. Por desgracia, todavía no hemos llegado a realizar esta proclama de evolución, la de hermanar de veras cada latido con la debida quietud. Nos falta esa plenitud anímica, en su más alta expresión de sacrificio, que la podemos alcanzar como sanación cuando nos reencontremos con la mística del verso. Es cuestión de volverse corazón, o si quieren, de revolverse como poetas contra sí, dejando nuestras miserias terrenales. Lírica que nos engrandecerá el órgano, haciendo de la viva inspiración, la parte que nos resplandece e ilumina, a vivir el recogimiento en la acción.  

 

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

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