Los cigarrillos electrónicos saborizados han transformado el panorama del consumo de nicotina en la última década, pero su popularidad ha encendido alarmas entre autoridades de salud pública y reguladores. Con sabores como «Mango Tropical» o «Galleta de Vainilla», estos dispositivos han captado la atención de millones, especialmente de adolescentes, generando un debate sobre sus consecuencias a corto y largo plazo. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) estima que más de 2 millones de estudiantes en Estados Unidos usaron cigarrillos electrónicos en 2024, y la mayoría optó por opciones con sabores dulces o afrutados, lo que ha llevado a medidas más estrictas para controlar su venta y distribución.
El atractivo de los cigarrillos electrónicos radica en su diseño y marketing. A diferencia de los cigarrillos tradicionales, estos dispositivos ofrecen una experiencia personalizable que oculta el sabor áspero del tabaco con notas dulces o refrescantes. Sin embargo, expertos del Instituto Nacional de Salud (NIH) advierten que esta característica no solo los hace más atractivos para los jóvenes, sino que también podría aumentar los riesgos asociados con la nicotina, una sustancia altamente adictiva que afecta el desarrollo cerebral en menores de edad. En un informe reciente, el NIH señaló que el uso prolongado de estos productos podría estar vinculado a problemas respiratorios y cardiovasculares, aunque los datos aún están en evolución.
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Cigarrillos electrónicos y la salud juvenil
El impacto en los adolescentes es una de las mayores preocupaciones. Según la Encuesta Nacional sobre el Tabaco en Jóvenes de 2024, el 85% de los estudiantes de secundaria que vapean prefieren sabores no tradicionales, lo que ha llevado a la FDA a clasificar el fenómeno como una «epidemia juvenil». Los especialistas explican que la nicotina en los cigarrillos electrónicos saborizados puede alterar la memoria, la concentración y el control de impulsos en cerebros en desarrollo. «Estamos viendo una generación expuesta a niveles de nicotina que antes no imaginábamos», afirmó un portavoz del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que reporta unas 480,000 muertes anuales relacionadas con el tabaco tradicional en EE.UU.
Además de la adicción, los químicos utilizados para crear estos sabores plantean interrogantes. Estudios preliminares del NIH han identificado sustancias como el diacetilo, asociado con enfermedades pulmonares graves como la «bronquiolitis obliterante», en algunos líquidos de vapeo. Aunque la industria asegura que los niveles son seguros, la falta de regulación estricta en años pasados permitió la proliferación de productos de dudosa calidad, muchos de los cuales aún circulan en el mercado negro. En 2024, la FDA confiscó más de 1.2 millones de unidades ilegales, destacando la dificultad de controlar este sector.
El otro lado: cigarrillos electrónicos como alternativa
No todo el panorama es negativo. Para algunos adultos, los cigarrillos electrónicos saborizados representan una herramienta para dejar de fumar tabaco combustible, una práctica mucho más letal. La FDA ha aprobado ciertos dispositivos con sabor a tabaco y mentol como opciones para fumadores que buscan reducir su exposición a carcinógenos presentes en los cigarrillos tradicionales. Un informe del Departamento de Salud y Servicios Humanos indica que el vapeo podría ser hasta un 95% menos dañino que fumar, aunque esta cifra sigue siendo objeto de debate entre científicos.
Aun así, la línea entre beneficio y riesgo es delgada. Mientras algunos exfumadores elogian los sabores por ayudarles a abandonar el hábito, la facilidad de acceso a estos productos ha generado un mercado paralelo que evade las restricciones. En plataformas en línea, los adolescentes pueden adquirir fácilmente dispositivos con nombres como «Rainbow Candy» o «Blueberry Bliss», a menudo fabricados en países con regulaciones laxas. Esto ha complicado los esfuerzos de la FDA por equilibrar los intereses de los adultos con la protección de los menores.
Regulación y futuro de los cigarrillos electrónicos
La batalla regulatoria sigue en curso. En abril de 2025, la Corte Suprema respaldó a la FDA en su autoridad para rechazar solicitudes de comercialización de cigarrillos electrónicos saborizados, pero el fallo dejó abierta la puerta a revisiones sobre cómo se evalúan estos productos. La agencia ha intensificado sus operativos contra el mercado ilegal y planea nuevas campañas educativas para 2026, enfocadas en disuadir a los jóvenes del vapeo. Sin embargo, la llegada de una nueva administración en Washington podría cambiar el rumbo, con propuestas de desregulación que preocupan a los defensores de la salud pública.
En el ámbito internacional, países como Reino Unido han adoptado un enfoque más permisivo, promoviendo los cigarrillos electrónicos como una alternativa al tabaco, mientras que otros, como Australia, han impuesto prohibiciones estrictas sobre los sabores. En EE.UU., el debate sigue polarizado. Mientras tanto, los padres, educadores y médicos observan con cautela cómo evoluciona el uso de estos dispositivos entre los jóvenes, cuyos efectos a largo plazo aún son un misterio. Lo que está claro es que los cigarrillos electrónicos saborizados han llegado para quedarse, y sus consecuencias seguirán siendo un tema candente en los próximos años.