Recientemente, Estados Unidos comprometió dos millones de dólares en ayuda humanitaria para Birmania tras un devastador terremoto de magnitud 7,7 que dejó más de 2.000 muertos. Sin embargo, este gesto de solidaridad llega en un contexto muy particular: el desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que históricamente ha sido clave en la respuesta ante catástrofes naturales y otros desafíos humanitarios globales. La promesa de ayuda, aunque bien recibida, plantea preguntas sobre la capacidad de Estados Unidos para gestionar crisis internacionales a medida que se debilita su infraestructura de asistencia externa.
La respuesta de EE.UU. tras el terremoto en Birmania
El terremoto que golpeó Birmania dejó una devastación considerable, afectando especialmente a comunidades vulnerables. En respuesta a la tragedia, el gobierno estadounidense, liderado por Donald Trump, prometió proporcionar hasta dos millones de dólares a través de organizaciones humanitarias en el país. A pesar del desmantelamiento de USAID, que históricamente manejaba la mayoría de los fondos destinados a la ayuda internacional, la administración estadounidense envió un equipo de expertos para evaluar las necesidades más urgentes, como refugios, alimentos, atención médica y acceso a agua potable.
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Este tipo de ayuda es crucial en momentos de catástrofe, pero la forma en que se canaliza la asistencia puede verse afectada por las reformas estructurales que están ocurriendo dentro del aparato gubernamental de EE.UU., particularmente en lo que respecta a su capacidad para implementar programas de desarrollo. El hecho de que la ayuda se canalice a través de otras organizaciones, sin la infraestructura directa de USAID, genera dudas sobre la eficiencia y el alcance de la asistencia.
Fotografía de archivo del que era el lobby del edificio de Usaid en Washington (EE.UU.). EFE/EPA/ Shawn Thew
El impacto del desmantelamiento de USAID en la capacidad de respuesta de EE.UU.
USAID ha sido durante décadas un pilar en la política exterior de Estados Unidos, encargándose de la distribución de ayuda en situaciones de emergencia, así como de programas de desarrollo a largo plazo en países en crisis. Sin embargo, en los últimos años, especialmente bajo la administración de Donald Trump, la agencia ha sido objeto de reformas significativas, que incluyen despidos y recortes presupuestarios. Elon Musk, mano derecha de Trump en muchas de estas decisiones, ha jugado un papel importante en el proceso de desmantelamiento de la agencia, argumentando que la organización representaba un «desperdicio de fondos públicos».
La reestructuración de USAID ha tenido consecuencias directas en la capacidad de EE.UU. para reaccionar ante desastres como el ocurrido en Birmania. Según informes de medios como The Washington Post, a pesar de la gravedad del terremoto, Estados Unidos no desplegó rápidamente a su personal en el lugar, lo que contrasta con intervenciones anteriores donde el equipo estadounidense llegaba en cuestión de horas. En lugar de un despliegue inmediato de expertos en desastres, los equipos enviados para evaluar la situación llegaron días después, lo que ha generado preocupaciones sobre la eficiencia y la efectividad de la respuesta de Estados Unidos.
Fotografía de archivo de cinta negra tapando las letras de Usaid en el edifico principal de lo que era la Agencia para el Desarrollo Internacional (EE.UU.). EFE/EPA/ Alex Wroblewski
¿Cómo afecta el recorte de USAID a la asistencia internacional?
El desmantelamiento de USAID no solo afecta la rapidez con que Estados Unidos responde a emergencias internacionales, sino que también cuestiona el enfoque a largo plazo de su política exterior. Con el recorte de fondos y personal, y la falta de una agencia centralizada para manejar la ayuda, muchos en el ámbito humanitario temen que otros países y organizaciones internacionales puedan llenar el vacío dejado por USAID. Sin embargo, las organizaciones locales en países como Birmania pueden no tener la capacidad ni los recursos necesarios para hacer frente a catástrofes de gran magnitud sin el apoyo estadounidense.
Además, la incapacidad de Estados Unidos para mantener una estructura de ayuda robusta podría aumentar la dependencia de las comunidades afectadas en organismos internacionales, como las Naciones Unidas, que a menudo se enfrentan a limitaciones presupuestarias y logísticas. La incapacidad de coordinar la asistencia de manera efectiva también podría generar una respuesta fragmentada y menos eficiente, lo que podría prolongar la recuperación de los países afectados.