La reciente decisión del Departamento de Estado de notificar formalmente al Congreso sobre la disolución de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) marca un cambio drástico en la política exterior y de ayuda humanitaria de Estados Unidos. Esta reestructuración, que se completará el 1 de julio de 2025, implica la integración de varias funciones de USAID en el Departamento de Estado, lo que ha generado tanto preocupación como debate dentro de los círculos políticos y de ayuda internacional.
El cierre de USAID: Un golpe a la asistencia humanitaria
USAID fue una agencia clave en la lucha contra la pobreza, el hambre y las enfermedades en el mundo. A lo largo de su existencia, ha financiado miles de proyectos destinados a mejorar las condiciones de vida en países en desarrollo, además de ser un pilar de la diplomacia estadounidense en el ámbito internacional. Sin embargo, bajo el gobierno de Donald Trump, la agencia ha sido constantemente criticada, con acusaciones de malversación de fondos y de financiar proyectos que, según algunos, no benefician directamente a los intereses de Estados Unidos.
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La disolución de USAID es vista por muchos como una respuesta a estas críticas, aunque también plantea importantes preguntas sobre el futuro de la ayuda internacional. La decisión de trasladar algunas de sus funciones al Departamento de Estado implica no solo la eliminación de una agencia histórica, sino también un cambio en la forma en que Estados Unidos gestionará su asistencia exterior. Aunque la administración asegura que esto permitirá una mayor eficiencia, la pregunta es si la integración de estas funciones en el Departamento de Estado puede mantener la efectividad de los programas humanitarios y de desarrollo que USAID había impulsado.
Fotografía de archivo de antiguos empleados y simpatizantes de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, ante la sede USAID en Washington, DC. EFE/EPA/Shawn Thew
¿Qué significa para los proyectos internacionales?
La desaparición de USAID afectará directamente a los proyectos de desarrollo en todo el mundo. Bajo la nueva estructura, los programas de asistencia humanitaria y salud global continuarán bajo el Departamento de Estado, pero con una escala reducida. A pesar de los esfuerzos por garantizar que los programas de ayuda continúen, la incertidumbre que rodea al cierre de USAID plantea serias dudas sobre el futuro de estos proyectos. Los recortes de personal también son una preocupación importante: se estima que menos de 900 empleados permanecerán en sus puestos tras la reestructuración, lo que deja a muchas áreas vulnerables sin el personal adecuado para gestionar las operaciones internacionales.
Este cambio también podría afectar los programas enfocados en la seguridad nacional y la inversión estratégica, áreas en las que USAID había jugado un papel clave. Si bien el Departamento de Estado asumirá algunas de estas responsabilidades, la falta de personal especializado y la disminución de recursos podrían llevar a una disminución en la capacidad de Estados Unidos para responder a crisis humanitarias y para fomentar el desarrollo en regiones afectadas por la pobreza y la inestabilidad.
El impacto en las comunidades que dependen de la ayuda internacional
El impacto de la disolución de USAID no solo afectará a los países que reciben ayuda directa, sino también a las comunidades en Estados Unidos que dependen de los proyectos financiados por esta agencia. Los trabajadores de ayuda humanitaria, muchas veces parte de comunidades vulnerables dentro de EE. UU., temen que el recorte de personal y la reestructuración afecten la distribución de ayuda y los esfuerzos de desarrollo a largo plazo. Sin embargo, es importante señalar que algunos de estos programas se mantendrán bajo el control del Departamento de Estado, lo que podría mitigar parcialmente el impacto.
Por otro lado, organizaciones de ayuda internacional han expresado su preocupación por la falta de transparencia y la posible politización de la asistencia humanitaria bajo la nueva estructura. La eliminación de USAID podría reducir la capacidad de respuesta rápida a desastres naturales y otras emergencias humanitarias, áreas donde la agencia tenía una vasta experiencia y capacidad logística. Sin embargo, algunos expertos señalan que la reestructuración podría ofrecer nuevas oportunidades para la cooperación internacional, siempre que se gestione adecuadamente la transición y se asignen los recursos necesarios.
Fotografía de archivo de antiguos empleados y simpatizantes de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). EFE/EPA/Shawn Thew
Resistencia interna y el futuro de la ayuda exterior
La decisión de disolver USAID ha sido fuertemente criticada por funcionarios de carrera dentro de la agencia y de otras organizaciones no gubernamentales. Muchos de ellos han expresado su preocupación por la capacidad del Departamento de Estado para manejar de manera efectiva los complejos proyectos de desarrollo que anteriormente estaban bajo el mandato de USAID. Además, las acusaciones de mala gestión y despidos masivos de personal generan un ambiente de incertidumbre que podría afectar la moral de quienes aún permanecen en la agencia.
Un memorando filtrado recientemente, escrito por un alto funcionario de USAID, subraya las consecuencias potenciales de esta reestructuración. En el documento, se señala que el recorte drástico de personal y la centralización de funciones podría llevar a una “pérdida de capacidad operativa” en las áreas más necesitadas, dificultando el trabajo de asistencia en regiones afectadas por crisis prolongadas. Aunque el Departamento de Estado asegura que trabajará estrechamente con otras agencias y actores internacionales para mitigar estos efectos, la falta de una infraestructura sólida y de personal calificado es un desafío considerable.